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39 La moral social

Por lo general, se distingue entre moral individual y moral social según el ámbito de acción considerado, existiendo diferencias entre la actitud predominante en un ámbito cercano, o familiar, y aquella a nivel social. Incluso la propia predisposición respecto de un mismo individuo cambia según sea la distancia social del vínculo establecido. En cierta ocasión se realizó un estudio sociológico en el cual se le consultaba al encuestado si tendría inconvenientes en aceptar la presencia de un individuo de cierta nacionalidad bajo las siguientes tres condiciones: a) como vecino, b) como compañero de trabajo y c) como integrante de su propia familia, advirtiéndose una notable disminución de la aceptación mientras más cercano se hacía el vínculo social. Félicien Challaye escribió: “La moral social estudia los deberes del hombre para con la sociedad humana o la humanidad, y respecto a cada uno de sus miembros, o sea con relación a todos los hombres. Se justifican estos deberes describiendo la solidaridad que une al hombre con toda la humanidad pasada y con toda la humanidad presente” (De “Filosofía moral”-Editorial Labor SA-Barcelona 1936).

Existen dos posturas extremas respecto de la relación que debe existir entre la moral individual y la social. En el primer caso, se sostiene que la moral individual debe prolongarse hasta abarcar la sociedad y la humanidad. En la ética cristiana encontramos una postura que considera a la moral individual indistinguible de la moral social, ya que el “Amarás al prójimo como a ti mismo” involucra desde el individuo y su ámbito cercano, hasta abarcar a toda la sociedad, e incluso a la humanidad, tal el sentido de la palabra “prójimo”; alguien cercano que puede ser cualquiera. Puede decirse que, desde el punto de vista cristiano, no existe una diferencia esencial entre moral individual y social.

En el segundo caso, el del socialismo, consiste en la imposición de un sistema social basado en objetivos políticos y económicos, como ocurre en los sistemas colectivistas o totalitarios, donde se priorizan los objetivos sociales de manera que la ética individual queda relegada o subordinada a la ética social. Conviene, en adelante, hacer referencia al sistema marxista como representante típico de esta postura.

La moral individual busca justamente el bien individual, que no resulta diferente del bien común, ya que, al compartir todo individuo las penas y las alegrías de los demás como si fuesen propias, tal el sentido del amor, tiende a hacer el bien a los demás y a evitarles el mal. Por el contrario, según el marxismo, los intereses individuales se oponen a los intereses sociales, bajo la presunción de que, necesariamente, todo individuo es egoísta por naturaleza, lo que no siempre es cierto. Puede hacerse la síntesis siguiente:

a) Cristianismo: El bien individual es también el bien común o social
b) Marxismo: El bien individual se opone al bien común o social

La ética individual se fundamenta en la psicología de las actitudes, especialmente en el concepto de actitud característica, además del fundamento asociado a la tradición judeo-cristiana. El concepto de actitud, justamente, implica un vínculo entre lo individual y lo social. Este punto de partida tiene la posibilidad de incorporar un fundamento adicional que provendrá de la neurociencia. De ahí que la secuencia adoptada sea la siguiente:

Leyes psicológicas del individuo –› Ética individual –› Ética social

En el caso de la ética social marxista, se la fundamenta en ciertas “leyes de la sociología”, que ignoran completamente al individuo tanto como a su comportamiento social en condiciones de libertad, de donde se establece la siguiente secuencia:

Leyes de la sociedad -› Ética social -› Ética individual

Respecto de las afirmaciones básicas del marxismo-leninismo, Florencio José Arnaudo escribió:

1- No hay normas permanentes de la moral. La moral es relativa
2- La moral depende de las condiciones económicas y es diferente para cada época histórica y para cada clase social
3- La verdadera moral florecerá cuando se creen óptimas condiciones económicas, una vez que se haya establecido la sociedad comunista
4- Mientras tanto el correcto proceder moral consiste en colaborar con la evolución histórica y procurar por todos los medios el advenimiento de la sociedad comunista
(De “La lucha ideológica”-EUDEBA-Buenos Aires 1981)

En cuanto al “mandamiento” que corresponde a la ética individual marxista, una vez establecido el socialismo, puede citarse la siguiente expresión, que se asocia a Louis Blanc: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”.

Respecto de la supuesta ley histórica de la lucha de clases, debe advertirse que el marxismo sostiene que las ideas dominantes en todo individuo dependen de la clase social a la que pertenezca, ya que actuaría esencialmente por influencia del medio social sin que apenas influya la naturaleza humana asociada a su herencia biológica. De ahí que, cuando observan el comportamiento egoísta de algunos integrantes de la clase burguesa, lo atribuyen a la mentalidad dominante del grupo, suponiendo que afectará al resto de la misma manera, siendo éste el origen de la discriminación social que se establece cuando los atributos negativos se generalizan hacia todo el grupo. Sin embargo, podrían también generalizarse los atributos positivos. Recordemos que, en realidad, no existe una correspondencia concreta entre actitud ética y nivel económico ya sea que se trate de la burguesía o del proletariado, al menos en toda sociedad real. Alfredo Sáenz escribió:

“Así como según la doctrina cristiana hay un pecado que está en la base y el origen de todos los demás, y por eso se llama original, de manera semejante en los escritos marxistas encontramos que hay un hecho delictivo primordial, que está siempre influyendo en la historia de la humanidad, y es la explotación, la opresión. Tal es el pecado original del marxismo: todo procede de él y se explica por él. La explotación es el hecho fundamental que determina la entera vida social. Pero mientras el cristianismo propone al hombre que considere ante todo el pecado en sí mismo, el marxista ve siempre el pecado en los demás”.

“La distinción entre el «burgués» y el «proletario» es la distinción entre el mal y el bien, entre lo injusto y lo justo, entre los que merecen reproche y los que merecen alabanza. Una vez más se observa en el sistema marxista una fusión que en buena lógica resulta contradictoria entre los elementos materialistas o deterministas amorales y los elementos idealistas, de índole moral” (De “De la Rus` de Vladimir al «hombre nuevo» soviético”-Ediciones Gladius-Buenos Aires 1989).

Respecto a la sugerencia ética individual del marxismo, la de producir y trabajar según la capacidad propia, dependerá de las distintas personalidades, atributos o ganas de trabajar (la siembra es desigualitaria), mientras que se sugiere recibir con buen ánimo lo que satisfaga las distintas necesidades (la cosecha es igualitaria, al menos en teoría). Tal mandamiento resulta ser de índole económica antes que moral, ya que no se tiene en cuenta una previa actitud afectiva como la sugerida por el cristianismo. Como el mandamiento económico implica, en realidad, trabajar en una empresa estatal que luego distribuirá la producción “equitativamente” se anula todo incentivo para el trabajo y la innovación. De ahí que pocos tengan la voluntad suficiente para trabajar para los demás mientras aparezca el Estado (y sus funcionarios) como el verdadero proveedor que satisface las necesidades del pueblo.

En realidad, el marxismo constituye una religión negativa, por cuanto distingue entre el bien y el mal, impone sus mandamientos económicos en favor del “bien”, requiere de sus adeptos una adhesión total y propone la formación del hombre nuevo, como una copia invertida de la religión tradicional. Nicolás Berdiaev escribió: “Sólo una religión puede tener la pretensión de encerrar en ella una verdad absoluta; sólo ella puede empeñarse en dominar a las almas. Pretensión que no abriga ningún gobierno en ninguna política. El comunismo persigue a todas las religiones porque él mismo es una religión. Considerándose como la religión auténtica, no admite falsas religiones alrededor de él. Es la religión del reino de este mundo, la negación definitiva del más allá, la negación de toda espiritualidad. El reino del comunismo no es del siglo: es un reino sagrado, «teocrático»; exige que se le rindan honores, no sólo como a César, sino también como a Dios. Un Estado así no puede tolerar ninguna Iglesia a su alrededor, a menos que no sea temporalmente y por motivos de oportunidad” (De “El cristianismo y el problema del comunismo”-Editorial Espasa-Calpe SA-Madrid 1968).

Alfredo Sáenz agrega: “Es el comunismo mismo el que considera la historia como el desarrollo de un combate entre dos ciudades, una de las cuales él integra. Escribe Berdiaev que el comunismo puede definirse psíquicamente por su tendencia a dividir el mundo en dos campos, el de Ormuz y el de Ahrimán, el reino de la luz y el reino de las tinieblas, sin matices intermedios. El reino del proletariado es el reino luminoso de Ormuz, mientras que el imperio tenebroso de Ahrimán lo constituye la burguesía. El comunismo tiene necesidad del enemigo, del mal, del capitalismo, de la burguesía, para volcar allí su odio. Sin embargo, como agrega Berdiaev, no hay que ser incauto: más allá de la burguesía y del capitalismo, el enemigo real es el cristianismo, el abanderado nato de exaltación de Dios y el menosprecio del hombre. El marxismo es más contrario al cristianismo que al capitalismo, pues en última instancia es una derivación del capitalismo, está contaminado por su espíritu de lucro y se mantiene al mismo nivel de sus intereses económicos. Es la rebelión del reino terrenal y mundano contra el reino de Dios, el reino celestial”.

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